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El sepulcro megalítico de
Magacela se encuentra situado al nordeste del cerro que sustenta el caserío, en
una zona tradicionalmente llamada “Los
Tejares”, a dos kilómetros de la estación de ferrocarril. Está ubicado
a nuestra derecha, a pocos metros de la carretera dirección a la ermita de Nuestra Señora de Los Remedios y sobre una pequeña loma destinada
a labores agrícolas. |
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Es denominado en el Catálogo Monumental de la Provincia de Badajoz como “Dolmen de la cerca de Marzo”, siendo inventariado con el número 523. Además de éste dolmen, por lo que indica el profesor Mélida, pudo haber otro en las cercanías, pues señala que el médico de Magacela, en 1908, le dio noticia de la existencia de otro monumento semejante en el cerro de Porras, añadiendo que su búsqueda resultó infructuosa. |
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El
único elemento que nos ha llegado del sepulcro megalítico de Magacela es la cámara
circular compuesta por doce ortostatos de granito, habiéndose perdido el
corredor de acceso a ésta, la cubierta y el túmulo. Destacan los dos monolitos que indican la puerta de entrada, de mayor
altura que el resto, así como dos bloques recortados en los márgenes que los
unen con los contiguos (ortostatos nº 3 y 4).
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Todos los ortostatos presentan un anverso (parte que mira al interior de la cámara) bastante trabajado y uniforme, mientras que el reverso tiende a formas más convexas con superficie irregular. |
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Antonio Agúndez Fernández nos aporta una peculiar visión e interpretación de este sepulcro megalítico: «Doce piedras erguidas componen la planta poligonal y sensiblemente circular de la cámara, y varias caídas indican el sitio de la galería. Aquellas son de desigual altura y poca inclinación, lo que junto a su excesivo diámetro hace pensar que formarían con cantos pequeños, anillos en saledizo y disminución, sirviendo de techo una gran losa». |
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De este modo, no cabe duda de que estamos ante un gran sepulcro con una longitud de unos 14 metros aproximadamente (unos 5 metros de diámetro de la cámara, más 9 m. del corredor), donde los bloques más elevados corresponderían a los de la cámara y entre estos, los que marcan la puerta serían los más altos. |
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Encontramos decoración en 5 bloques de este dolmen, estudiado recientemente y analizado por Alonso Gutiérrez. Todos ellos aparecen indicados en la planta realizada por A. Gutiérrez, así como podemos ver los motivos representados en éstos gracias a las ilustraciones de este mismo autor que acompañan este texto. Todo lo descrito hace pensar que este sepulcro megalítico hay que incluirlo dentro del periodo calcolítico, cuando se caracterizaba la presencia de estas manifestaciones arquitectónicas funerarias. A pesar de no poseer las referencias necesarias que hubiesen dado el ajuar de este sepulcro, se ha identificado y comparado con otros similares como los de la Granja de Toniñuelo o su más inmediato semejante, el de Azután. Las representaciones esquemáticas, sobre todo la del ramiforme ocupando una ubicación semejante a la del de este último, nos hablan de ideologías semejantes a pesar de ser comunidades ligeramente distanciadas espacialmente, aunque en continuo contacto cultural. Es por todo esto que posiblemente estemos hablando de culturas del II o III milenio a. C. |
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A
la hora de interpretar sus grabados, y como ocurre en los estudios de pintura
rupestre esquemática, sólo se les otorga el propio significado que los motivos
nos dan a entender, es así como en las figuras antropomorfas o zoomorfas se ve
la plasmación en la roca de una realidad que es cotidiana en la época en que
se ejecutaron, si bien, posiblemente asociadas a unas connotaciones de sentido mágico,
religioso y ritual debido al contexto en que se encuentran. |
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